domingo

El ave





El verbo se mueve.
Se agita nervioso.
La pellizca.
El verbo se ilumina.

Amar.

El verbo se funde.
El verbo se apaga.
Se apaga, completamente.

Todo vuelve a su posición habitual.

Las margaritas deshojadas
gimen en su sexo.
Es el espacio entre dos pieles.
Es todo lo que no puede contenerse.
Es todo lo que se aleja.
Es toda la poesía que rebosa del poema.

Aprieta los versos contra sus heridas.
Tiene la costumbre de ser
pájaro de papel.

Va en dirección opuesta 
a las luces.
La vida se le queda
entre las uñas.

El ave se posa 
en su clavícula
con las alas rotas.
El ave muere
en el mismo instante
en que ella lo nombra.

miércoles

Bienvenidos



Abrí la puerta
del horno microondas.
Coloqué el alma
en la bandeja.
Utilicé todas las funciones.
Cinco minutos,
diez,
veinte,
sesenta.
Tampoco sirvió de nada.

Las horas continúan agitándose
entre manzanas mordidas
y versos que nadie recita.
Intento adivinar
qué tenemos detrás, más allá
de este saco de huesos
y promesas no cumplidas.

Abro la puerta
de casa
y coloco el alma
en el felpudo.

Ahora sí:
Bienvenidos.
Quítense los sentimientos
antes de entrar
para no mancharme el suelo.
Como pueden ver,
todo lo que tengo
está fuera de mí.





domingo

Este poema no es un poema de amor


Las dos
dudando de su existencia,
siempre rozándolo,
siempre a su alrededor:
Amor.

Extraño sustantivo
que balbuceamos entre poemas
(que solo sabemos utilizar
entre poemas).

El amor.
El puto amor.
El puto desamor.

Las dos
en alguna calle,
con vestidos bonitos,
con los labios pintados,
con la fe desmaquillada
y la herida abierta
en el fondo del bolso.

Las dos
con las bragas llenas de historias
y el corazón vacío.
Las dos
acostumbradas
al amor repugnante,
al amor escurridizo,
al cuento sin final feliz.

Las dos
pisando la ciudad,
mirando alrededor
desde algún cuerpo lejano,
desde alguna ciudad lejana,
observando tras el cristal
los fuegos artificiales.

Las dos
dobladoras de una película
de cine mudo.
Las dos
aferrándonos a los puntos de luz,
aferrándonos a la noche,
aferrándonos a la poesía.
Las dos
bebiendo cerveza con prisa
para limpiarnos la realidad
lo antes posible.

Las dos
con el alma llena de polvo,
siempre a punto de escaparse.
Las dos
siempre a punto de amar
y ser amadas,
siempre a punto
de llegar,
siempre a punto
de desnudar la belleza.

Las dos
intentando huir,
siempre
intentando huir,
siempre
aguardando,
a las puertas de la vida,
siempre,
siempre ahí,
como si nunca
acabara de llegar
nuestro momento.