miércoles

Bienvenidos



Abrí la puerta
del horno microondas.
Coloqué el alma
en la bandeja.
Utilicé todas las funciones.
Cinco minutos,
diez,
veinte,
sesenta.
Tampoco sirvió de nada.

Las horas continúan agitándose
entre manzanas mordidas
y versos que nadie recita.
Intento adivinar
qué tenemos detrás, más allá
de este saco de huesos
y promesas no cumplidas.

Abro la puerta
de casa
y coloco el alma
en el felpudo.

Ahora sí:
Bienvenidos.
Quítense los sentimientos
antes de entrar
para no mancharme el suelo.
Como pueden ver,
todo lo que tengo
está fuera de mí.





2 comentarios:

  1. Sin dudas, esos sentimientos enchastran... Un abrazo.

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  2. Vine del blog de Oski, para echar un vistazo. Y me encuentro con este pedazo de poema. un derechazo directo al corazón.

    Dentro, fuera... nadie sabe nada de los demás, ni parece importarles. A veces todo lo que queremos es que nos quieran.

    Un beso, Kris.

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