jueves

Cuando mi cuerpo se convirtió en aeropuerto

















El cielo se        
          e x p a n d e 
y se  contrae.

Nadie mira a los ojos.
Todos balbucean mi nombre.
Todos planean sobre mi cuerpo.
Todos vuelan a kilómetros de mi alma.

Las terminales me iluminan la piel.
La puerta de embarque enfoca 
un nuevo hogar desechable.

Dar la bienvenida y despedirse.
Inspirar y espirar en la sala de espera.
No amar nada con demasiada fuerza.
Concebirlo todo siempre 
a punto de apagarse,
dejando una luz pegajosa entre los dedos.
Mirar siempre el panel de salidas. Nunca el de llegadas.
Hacer y deshacer la maleta.
Clavar las uñas en el calendario.
No nombrar nada.
Porque nada tiene nombre.

Solo eso.
Todo eso.
Eso significa estar aquí y ahora.
Eso que es ahora 
pero no es presente.
Que es mío pero no me pertenece.
Es tiempo de otro.


3 comentarios:

  1. No apegarse a nada, porque aunque lo creamos nuestro no nos pertenece... Un abrazo.

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  2. Siempre serás bienvenida en esta ciudad en la que aletean todos los destinos...

    Feliz verano

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  3. Odio la sensación de que nadie pasa por tu vida tan cerca como para conocerte o herirte, y eso al final te acaba alejando de ti mismo...

    Pero tenemos demasiados años como para conocernos...supongo que alguna vez estaremos encantados de ello.

    Cuídate.

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