martes

La cicatriz






Soy la cicatriz. 
Mi cuerpo tiene 16 años.
El cuerpo de mis poemas tiene 24 años.
Lo que amo 
(lo que más amo)
no tiene cuerpo.


Soy el instante 
y su monstruosa y bella cicatriz.




Me he engañado creyendo que te esperaba. 
A ti.
Pero lo único que ahora espero
es encontrar una parte de mí misma,
es estar enferma de vida, 
borracha de azules, 
rodeada de pieles que se erizan.
Lo único que espero
es empezar a medir las distancias
por el número de sueños que puedan extenderse
entre el punto de origen y el de llegada.




Soy la monstruosa y bella cicatriz,
el vértigo congelado,
el relámpago sobre el sexo.

Soy.
Me basta.

Los demás siguen abriendo y cerrando puertas
y yo 
sigo abriéndome y cerrándome,
sigo escribiendo 
sin saber exactamente qué me estoy arrancando.

Solo sé 
que quien hunde su boca en las palabras 
anhela
en silencio
besar el mar.





viernes

Volcán




He vuelto a sentirlo

He vuelto a estar allí
aunque tenga, de nuevo,
todas las flores arrancadas
en los bolsillos

No sé con qué sustancia
se me ha hinchado el corazón
pero ahora respiro
con un volcán tras el pecho

Tengo una hermosa tempestad dentro
y no voy a dejar que nada la calme






Atravieso el aeropuerto

Ya conozco todo esto;
esperas, 
despedidas,
imágenes masturbando la memoria;

Ya sé lo que viene ahora;
la ciudad haciéndose escombros
entre las paredes de mi cuerpo,
el rastro de luz que va quedando atrás,
la sangre empezando a brotar
en las comisuras del poema






Lo único inmóvil ahora
es lo que ellos no entienden

Todo sigue girando






Mantengo los ojos muy abiertos

Lo he visto

Cada segundo continua hirviendo
en las retinas

Mierda, qué hago
si lo he visto
y no quiero cerrar los ojos

no quiero cerrar los ojos no quiero cerrar los ojos
no quiero cerrar los ojos no quiero cerrar los ojos
no quiero cerrar los ojos no quiero cerrar los ojos
no quiero cerrar los ojos no quiero cerrar los ojos
no quiero cerrar los ojos no quiero cerrar los ojos
no quiero cerrar los ojos no quiero cerrar los ojos


noquierocerrarlosojosnoquierocerrarlosojos


noquierocerrarlosojosnoquierocerrarlosojos


no
quiero 
cerrar 
los ojos

no 
puedo








¿ME OYES?






No me pidas que cierre los ojos
si no puedo dejar de mirarlo.






martes

Era verano y mis poemas no se iban de vacaciones (II)






(XIII)

A veces me cuesta trabajo ser real.
Me esfuerzo por existir, por vibrar.

Si pudiera ser enteramente yo, ser y dejar de latir contra el silencio. 
Si pudiera dejar de derramarme por mí misma, si pudiera cerrar por momentos esta absurda grieta.
Si algunos días dejaran de huir por inercia. 
Si pudiera dejar de sentir que el tiempo cae sobre los tejados, que rueda por los cuerpos de la noche.
Si pudiera dejar de sentir que el tiempo está en mi contra.



(XIV)

Y nos movíamos con miedo a sobrepasar el límite, a romper el marco, a despertar a la bestia.
Y nos deslizábamos y éramos tan frágiles que el viento nos despeinaba el alma.
Y luchábamos contra las horas como dos soldados de arena que luchan a los pies de un huracán,
hasta que descubrimos que lo efímero es lo único que permanece.

Quizás debería haber cerrado con candado el mundo.
Antes de que el tiempo de arrancase de mí.



(XV)

Hace mucho que lo supe.
Entendí que no existía el punto fijo. 
Que la canción de cuna siempre era la misma,
sonando en labios distintos.
Que me resultaría imposible parar 
y no despegarme los versos a puñados.

Que al final siempre huiría, 
secándome sin prisa y con rabia,
la magia
de los costados de mi vida.



(XVI)

A lo mejor solo necesitas volver.

A lo mejor es esa voz;
esa voz que quizás,
desde allí,
puedas escuchar todavía.

A lo mejor deberías descubrir
qué es eso que te okupa a ti,
deshabitada.