martes

Era verano y mis poemas no se iban de vacaciones (II)






(XIII)

A veces me cuesta trabajo ser real.
Me esfuerzo por existir, por vibrar.

Si pudiera ser enteramente yo, ser y dejar de latir contra el silencio. 
Si pudiera dejar de derramarme por mí misma, si pudiera cerrar por momentos esta absurda grieta.
Si algunos días dejaran de huir por inercia. 
Si pudiera dejar de sentir que el tiempo cae sobre los tejados, que rueda por los cuerpos de la noche.
Si pudiera dejar de sentir que el tiempo está en mi contra.



(XIV)

Y nos movíamos con miedo a sobrepasar el límite, a romper el marco, a despertar a la bestia.
Y nos deslizábamos y éramos tan frágiles que el viento nos despeinaba el alma.
Y luchábamos contra las horas como dos soldados de arena que luchan a los pies de un huracán,
hasta que descubrimos que lo efímero es lo único que permanece.

Quizás debería haber cerrado con candado el mundo.
Antes de que el tiempo de arrancase de mí.



(XV)

Hace mucho que lo supe.
Entendí que no existía el punto fijo. 
Que la canción de cuna siempre era la misma,
sonando en labios distintos.
Que me resultaría imposible parar 
y no despegarme los versos a puñados.

Que al final siempre huiría, 
secándome sin prisa y con rabia,
la magia
de los costados de mi vida.



(XVI)

A lo mejor solo necesitas volver.

A lo mejor es esa voz;
esa voz que quizás,
desde allí,
puedas escuchar todavía.

A lo mejor deberías descubrir
qué es eso que te okupa a ti,
deshabitada.


3 comentarios:

  1. Pues menos mal que tus versos no se han ido de vacaciones, porque si no, sería asqueroso perderse éstos con sabor a verano y nostalgia.

    Grandes.

    Cuídate.

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  2. ...a la vuelta, otro poquito más
    y ver//so versos ver....

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