martes

Desdibujarse









Dibujo una jaula. 
Dibujo pájaros.
Dibujo una jaula abierta
para que los pájaros escapen.

Dibujo un relámpago 
en las costillas,
ceniza sobre la boca,
cuchillos en la vagina.


Dibujo mi cuerpo:
contenedor,
bolsa vacía,
semillas,
cubiertos usados,
secreciones,
tinta,
temblor,
asfalto.



Me desdibujo:

Los alfileres están suspendidos sobre mí.

No supe ser niña

pedir

llorar

sangrar

caer

gritar a tiempo

ser la primera

o la segunda

o al menos, no la última.

Más tarde, no supe 

ser adulta

ser mujer

comenzar

parar

limpiarme

mostrarme

ser bestia

ser susurro

ser materia.

Ahora, sigo sin saber

estar aquí

ahora

aceptar el dolor.

Ser adulta

ser mujer

ser niña

ser yo.



sábado

Piel de escenario


























Hablo de un amor que no conozco
pero me define.

Hablo de ser esclavos 
de un momento que nunca llega.

Se vacían las cervezas, las noches,
los conciertos, nuestros corazones.
Nos vaciamos tú y yo,
que acostumbramos a estar
en el lugar incorrecto.

Se fue el pájaro 
que batía sus alas bajo mi camisa.

Se quedaron las llagas
sobre mi piel de escenario.

Se quedó el hambre
en el centro del pecho,
la ceniza del deseo
en los labios plegados.

Ahora 
humo 
y tinta 
y contraluz
y ser de luz
a oscuras.

Ya no creo en las historias de amor,
creo en el amor que no puede convertirse en historia
porque ni siquiera existen palabras
capaces de traducirlo.

Siempre hablo de una boca
excavando mi corazón sobre la barra,
tú ya sabes de qué hablo,
de todo eso que no sabemos cómo demonios pronunciar
pero nos invoca,
nos aguarda, siempre,
a ras del precipicio.





domingo

Anticanción de cuna


(Guim Tió)



En esta historia, la música siempre empezaba a sonar cuando las luces estaban a punto de apagarse.

Nadie nunca me acompañaba al baile.
Ni siquiera yo.

Es evidente que muerdo cosas, 
que desordeno cosas,
que deambulo entre relojes que no dan tregua,
en un intento constante
por no tocar la nada.

Es evidente que siempre hay algo que no encaja.
La cuestión es cuando hay demasiado.

Curioso mundo este,
donde nos damos luz unos a otros
y nos devoramos unos a otros.

A veces necesito más palabras 
de las que me caben en el papel o en la boca,
y no digo nada,
porque cada vez siento más, más hondo, más extenso,
y el lenguaje se queda pequeño
a las puertas de un poema que no puede escribirse.

A veces me pinto los labios de rojo
para dejar un mínimo rastro de mí en las cosas.

A veces los días coagulan
y algo se escapa,
algo importante se escapa.

A veces digo que dejo de tener miedo

y miento.

A veces digo que no necesito a nadie
y que ya no amo

y miento.

A veces no quiero este cuerpo 
de naturaleza volátil,
esta materia imperfecta y a ratos bella,
este útero,
estos ovarios,
este vientre,
esta medición de mi tiempo vital,
no los quiero, 
de verdad que no los quiero,
lleváoslo todo,
que no quiero preocuparme
por mi condición de mortal.

Mientras mi repugnante cuerpo envejece
y ante mis ojos
se resquebraja,
mi alma continua dirigiéndose
hacia la infancia.

A veces me levanto a media noche
para comer
lo que queda de mí.

A veces me miro al espejo
y me busco
más allá de mi imagen,
a veces me gustaría
encontrarme cara a cara conmigo misma
para decirme que quiero ser diferente
pero por favor,
por favor,
por favor,
no tanto.