miércoles

El espectador






Siempre estábamos fuera.

Siempre intentábamos entrar.





Siempre nos quedábamos a las puertas, 
lamiéndonos las ganas de llegar a ser.

Teníamos las manos grasientas,
los dedos llenos de flujo y semen
de tanto tocarnos
el alma,
de tanto masturbarla
tratando sacar de ella
algo con vida.

Teníamos cientos de noches
esparcidas en nosotros,
el corazón abultado,
los sentimientos envasados,
las ganas de esperar
caducadas.

Volvíamos a casa
abriendo la nevera,
buscando comida,
quitándonos la ropa,
solos, sin ayuda,
sin beso en la frente,
sin cuento,
sin vaso de leche,
sin ningún otro cuerpo
al lado de la cama
en el que poder buscarnos
cuando no nos encontramos,
cuando nadie nos nombra,
sin ningún otro cuerpo
que nos sacie
este maldito hambre,
sin ningún otro cuerpo
al que poder devorar.




Siempre estábamos fuera.

Siempre intentábamos entrar

aunque no supiéramos cómo

ni dónde.




4 comentarios:

  1. Uff, bárbaro poema Cristina: cientos de noches esparcidas en nosotros :)

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  2. Me ha encantado tu poema, Cristina :D Me declaro turista de tu pequeño espacio.

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  3. No sabes las ganas que tengo de tener entre mis manos tu libro, y con qué ganas me quedé de subirme al escenario y disfrutar contigo.

    Cuídate.

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  4. Son tantas, demasiadas noches de eterna espera.

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